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Enero de 1979. El primer mes del año y el último mes del embarazo. Mi madre, Raquel, sobrellevaba el húmedo calor de Buenos Aires. Mi padre, Jorge, trabajaba ya para sostener a cinco hijos. Yo sería el sexto.¡Y seis más vendrían después! Los doce hijos del Patriarca Jacob, los doce apóstoles del Cordero, y nosotros: Federica, Juan Pablo, María Mercedes, Tomás, Marcos, Gastón, Trinidad, Magdalena, Lisandro, Verónica, Milagros y yo. Por razones de trabajo, papá y mamá decidieron que debíamos buscar en otro lugar lo que no encontrábamos en la "misteriosa Buenos Aires" como la llama el poeta. Carmen de Patagones nos esperaba. Ese hermoso pueblo a orillas del río Negro, del Currú Leuvú, "río de los Sauces", de vida mansa, cálida y colonial, encantador por sus callecitas, el Fuerte, el muelle, su victoria patriótica ante la invasión del Imperio del Brasil en 1827, la casita del Gran Comandante Luis Piedrabuena, domador de mares, etc. Incomparable su templo, construido sobre la parte más alta del pueblo y dedicado a la Madre del Escapulario, Nuestra Señora del Carmen. Allí, en esa iglesia sobria y solemne, mi fe y mi vocación hallaron su vigor y su madurez.

jueves, 21 de julio de 2011

POR QUÉ NO???

SE EQUIVOCA EL QUE TEME AL ERROR

Parece de sentido común defender que en la escuela todos deberíamos tratar de evitar los errores. En una escuela ideal, el profesor y el alumno que realizaran bien su labor minimizarían los errores y, en caso de aparecer, “los corregirían”. A pesar de la notable simplificación de lo expuesto, esta concepción es muy común entre profesores, alumnos y padres: el error manifiesta un “fallo” atribuido al profesor (“esto no se ha explicado bien”) o al alumno (“esto no se ha aprendido bien”). Dado el estatus negativo del error, es sensato tratar de evitarlo a toda costa. Nadie está cómodo con los errores, pues cuando aparecen indican o bien una “falta” del alumno o una la labor deficiente del profesor. Me refiero, por supuesto, a los errores que cometen alumnos comprometidos con su trabajo y no a los errores atribuidos a la dejadez, la pereza o la desidia.

Esta consideración del error conlleva dos posturas simétricas. Si la responsabilidad de evitarlos es del alumno, el modo de tratarlos es a posteriori: el profesor los detecta y el alumno los corrige. Si el error se repite el profesor puede sancionarlo para forzar al alumno a asumir su responsabilidad de corregirlo. Si la responsabilidad de evitar los errores es del profesor, el modo de tratarlo es a priori: el profesor debe prevenirlo, anticipando en su labor docente las dificultades con las que se va a encontrar el alumno. Si el error se repite el profesor debería replantearse sus propuestas didácticas.

Examinar las concepciones del error no es una bagatela de un profesor ocioso. Estas concepciones tienen unas consecuencias tremendas. Si el error tiene un estatus negativo, todo el mundo trata de ocultarlo cuando no sabe cómo evitarlo. El alumno que desconoce la grafía correcta de una palabra, busca inmediatamente un sinónimo. El alumno que no es capaz de comprender un problema, lo resuelve memorizando la mecánica de la operaciones. El alumno que se siente inseguro con las oraciones subordinadas, redacta frases breves y cortas. Es decir, los alumnos desarrollan estrategias para ocultar lo que no saben. Si escondemos lo que no sabemos, no podemos interrogarnos sobre las causas de esa ignorancia! La ocultación del error, paradójicamente, impide el aprendizaje.
Afirma Astolfi que el estatus didáctico que se da al error es un buen indicador del modelo pedagógico utilizado en clase. Y sostiene, con razón a mi entender, que los errores no son faltas condenables ni fallos de programa: son síntomas de los obstáculos con los que se enfrenta el pensamiento de los alumnos. Debemos, pues, despenalizarlos y concederles otro estatus: los errores son indicadores de procesos y, consecuentemente, el modo de tratarlos es in situ.



sábado, 25 de junio de 2011

BXVI y los niños

Divertido, didáctico...Benedicto XVI nos enseña que podemos enseñar la Verdad con humor y sin desvirtuar los contenidos de la fe...Aprendamos de su elasticidad...necesitamos revisar nuestros modos de comunicar la vida de Cristo para que no desmienta o se desligue de lo que la Iglesia, a quien se le ha confiado el mandato de difundir el Evangelio...Fieles a Cristo siendo fieles a su Iglesia.

CT: Capítulos VIII-IX y Conclusiones.

Capítulo VIII.- LA ALEGRÍA DE LA FE EN UN MUNDO DIFÍCIL
1. Afirmar la identidad cristiana... Vivimos en un mundo difícil con un clima de incertidumbre. Ello exige que la catequesis dé firmeza a los cristianos en su propia identidad y que se sobreponga a las vacilaciones e incertidumbres del ambiente.
2. ...en un mundo diferente... Los cristianos de hoy deben ser formados para vivir en un mundo que ampliamente ignora a Dios o que, en materia religiosa, cae en un indiferentismo nivelador. Tenemos necesidad de una catequesis que enseñe a jóvenes y adultos a permanecer lúcidos y coherentes en su fe.
3. ...con la pedagogía original de la fe. Existe una pedagogía de la fe y nunca se ponderará bastante lo que ésta puede hacer en favor de la catequesis. Se trata de comunicar en su integridad la Revelación de Dios. En catequesis, una técnica tiene valor en la medida en que se pone al servicio de la fe que se ha de transmitir.
4. Lenguaje adaptado al servicio del Credo. Todos saben la candente actualidad del tema del lenguaje. La catequesis tiene el deber imperioso de encontrar el lenguaje adaptado a los niños y a los jóvenes de nuestro tiempo, y a otras muchas categorías de personas.
Pero la catequesis no puede aceptar ningún lenguaje que, bajo el pretexto que sea, aún supuestamente científico, tenga como resultado desvirtuar el contenido del Credo.
5. Búsqueda y certeza de la fe. Ciertas corrientes filosóficas actuales afirman que la fe no es una certeza, sino un interrogante. Estas corrientes tienen la ventaja de recordarnos que la fe dice relación a cosas que no se poseen todavía. Nos ayudan a no hacer de la fe cristiana una actitud de instalado, sino una marcha adelante.
Con todo no hay que caer en el extremo opuesto. Si no tenemos la plena posesión de la fe, tenemos una garantía y una prueba (cf. Heb 11,1). No hay que dar un concepto totalmente negativo de la fe a niños y jóvenes. Sepamos mostrarles que la búsqueda humilde y valiente del creyente se funda en la Palabra de Dios, que ni se engaña ni engaña y se construye sin cesar sobre la roca inamovible de esa Palabra.
6. Catequesis y teología. En esta época postconciliar la Iglesia vive un momento importante pero arriesgado de investigación teológica. No es de extrañar, tampoco, que toda conmoción en el campo de la teología provoque repercusiones igualmente en el terreno de la catequesis.
Los teólogos y los exégetas tienen el deber de estar muy atentos para no hacer pasar por verdades ciertas lo que, por el contrario, pertenece al ámbito de las cuestiones opinables o discutidas entre expertos.
Los catequistas se abstendrán de turbar el espíritu de los niños y jóvenes con teorías extrañas, problemas fútiles o discusiones estériles. La catequesis debe formar unos cristianos firmes en lo esencial y humildemente felices en su fe.

Capítulo IX.- LA TAREA NOS CONCIERNE A TODOS
1. Aliento a todos los responsables. El Papa aspira a que lo expresado en este documento encienda un ardor apostólico en todos los responsables en la Iglesia.
2. Obispos. A pesar de la complejidad actual del ministerio episcopal, la solicitud por promover una catequesis activa y eficaz no debe ceder en nada a cualquier otra preocupación.
Deben mantener una mística por la catequesis, encarnada en una organización adecuada y eficaz.
3. Sacerdotes. La Iglesia espera de los sacerdotes que hagan todo lo posible con miras a una obra catequética bien estructurada y bien orientada. Todos los creyentes tienen derecho a la catequesis; todos los pastores tienen el deber de impartirla.
4. Religiosos y religiosas. En el decurso de la historia, los religiosos y religiosas se han encontrado muy comprometidos en la actividad catequética de la Iglesia, llevando a cabo un trabajo particularmente idóneo y eficaz. Las comunidades deben dedicar el máximo de sus capacidades y de sus posibilidades a la obra específica de la catequesis.
5. Catequistas laicos... la actividad de los catequistas laicos, ejercida siempre con celo ardiente y generoso, es una forma eminente de apostolado seglar.
Pero el título de "catequista" se aplica por excelencia a los catequistas de tierras de misión. Sin ellos no se habrían edificado Iglesias locales, hoy día florecientes.
6. ...en parroquia... La comunidad parroquial debe seguir siendo la animadora de la catequesis y su lugar privilegiado.
A pesar de que algunos consideran la estructura parroquial como sobrepasada, sigue siendo una referencia importante para el pueblo cristiano. Por eso hay que dotarla de estructuras más adecuadas y darle un nuevo impulso con la integración creciente de miembros cualificados y responsables.
Toda parroquia importante y toda agrupación de parroquias numéricamente más reducidas tiene el grave deber de formar responsables totalmente entregados a la animación catequética y de prever el equipamiento necesario para una catequesis bajo todos sus aspectos.
7. ...en familia... La catequesis en la familia tiene un carácter peculiar e insustituible. Esta acción se realiza por el testimonio de vida cristiana y aprovechando ciertos acontecimientos familiares en donde se explicita el contenido cristiano de esos acontecimientos.
Estas acciones catequísticas llevadas a cabo en un ambiente familiar impregnado de amor dejan una honda huella en los niños. Nunca se esforzarán bastante los padres cristianos por prepararse a este ministerio de catequistas de sus propios hijos y por ejercerlo con celo infatigable.
8. ...en la escuela... La escuela ofrece a la catequesis posibilidades no desdeñables. Donde es posible la Iglesia tiene el deber de dar una educación en la fe dentro del marco escolar. Y esta formación debe ser adaptada a las situaciones con frecuencia diversas de los alumnos.
Es de desear que en las escuelas estatales sea posible a los alumnos católicos el progresar en su formación espiritual con la ayuda de una enseñanza religiosa que dependa de la Iglesia.
9. ...en los movimientos. Los movimientos que garantizan la presencia cristiana en las realidades temporales, alcanzarán tanto mejor sus objetivos propios y servirán tanto mejor a la Iglesia, cuanto más importante sea el espacio que dediquen a una seria formación religiosa. Toda asociación de fieles en la Iglesia debe ser, por definición, educadora de la fe.
10. Institutos de formación. Los catequistas seglares deben recibir una formación esmerada. Esa formación invita a los obispos a organizar Centros e Instituciones idóneos.

CONCLUSIÓN
1. El Espíritu Santo, Maestro interior. El Espíritu Santo es el principio inspirador de toda la obra catequética. "El os lo enseñará y os traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho" (Jn 14, 26). Misión del Espíritu Santo es transformar a los discípulos en testigos de Cristo.
La catequesis, que es crecimiento en la fe y maduración de la vida cristiana hacia la plenitud, es por consiguiente una obra del Espíritu Santo, obra que sólo El puede suscitar y alimentar en la Iglesia.
Cada cristiano cuando ejerce su misión catequética debe ser muy consciente de que actúa como instrumento vivo y dócil del Espíritu Santo.
2. María, madre y modelo de discípulo. Jesús fue formado por la Virgen María en el conocimiento humano de las Escrituras y de la historia del designio de Dios sobre su Pueblo, en la adoración al Padre (cf. Jn 1, 14, Heb 10, 5).
Por otra parte, ella ha sido la primera de sus discípulos. Sobre todo porque nadie ha sido enseñado por Dios (cf. Jn 6, 45) con tanta profundidad.

CT: Capítulos V, VI y VII

Capítulo V. - TODOS TIENEN NECESIDAD DE LA CATEQUESIS

1. La importancia de los niños y de los jóvenes. El ascenso de los jóvenes constituye la esperanza de buena parte del mundo actual, pero al mismo tiempo es factor de inquietud. Estos jóvenes constituyen la gran fuerza que se propone construir la civilización del futuro.
La gran pregunta es: ¿Cómo revelar a esta multitud de niños y jóvenes a Jesucristo y su mensaje de salvación? Para ello es conveniente analizar las características que toma la catequesis en las diferentes etapas de la vida.
2. Párvulos. El niño tiene derecho a una presentación sencilla y verdadera de la fe cristiana. En el ambiente familiar recibe los primeros rudimentos de la catequesis.
3. Niños. Pronto llega el momento de la apertura a un circulo más amplio y de una catequesis destinada a introducir al niño de manera orgánica en la vida de la Iglesia. Catequesis inicial, pero no fragmentaria pues deberá revelar todos los principales misterios de la fe y su repercusión en la vida moral y religiosa del niño.
4. Adolescentes. Edad de interrogantes profundos, momento del descubrimiento de sí mismo y del propio mundo interior. La catequesis no puede ignorar estos aspectos de un período tan delicado de la vida.
5. Jóvenes. Con la edad de la juventud llega la hora de las primeras decisiones. Es el momento en que el Evangelio podrá ser presentado, entendido y aceptado como capaz de dar sentido a la vida. La catequesis prepara, así, para los grandes compromisos cristianos de la vida adulta.
6. Adaptación de la catequesis a los jóvenes. La Iglesia está empeñada en prestar atención a la catequesis de niños y jóvenes; es preciso conocer su lenguaje para traducir el mensaje de Jesús y valorar su disponibilidad, apertura y su deseo de conocer a Cristo. Ciertamente es tarea ardua y fatigosa pero reconfortante por la calidad de las respuestas que dan los niños y jóvenes.
7. Minusválidos y jóvenes sin apoyo religioso. Los niños y jóvenes minusválidos tienen derecho a conocer como sus coetáneos el "misterio de la fe". Al ser mayores las dificultades, son más meritorios los esfuerzos de ellos y de sus educadores.
Los niños y jóvenes nacidos y educados en un hogar no cristiano, pero deseosos de conocer la fe cristiana deben ser atendidos por medio de una catequesis adecuada, a pesar de la oposición que puedan encontrar en su familia y en su ambiente.
8. Adultos. La catequesis de los adultos es la forma principal de la catequesis porque está dirigida a las personas que tienen las mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada.
La fe de los adultos debería ser iluminada, estimulada o renovada sin cesar con el fin de penetrar las realidades temporales de las que ellos son responsables.
9. Cuasi catecúmenos. Entre los adultos hay varias categorías de personas que bien podrían ser calificados de catecúmenos; los nacidos en regiones no cristianizadas y no han podido profundizar la doctrina cristiana que un día encontraron; los que recibieron una catequesis en su infancia, pero se alejaron luego de toda práctica religiosa; los que se resienten de una catequesis mal asimilada; los que nacidos en países cristianos, nunca fueron educados en su fe.
10. Catequesis diversificadas y complementarias. Además de los grupos anteriores habría que hablar también de la catequesis para los emigrantes, las personas marginadas por la evolución moderna, las que viven en los suburbios de las grandes metrópolis. Es necesario suscitar iniciativas encaminadas a su formación cristiana con los instrumentos apropiados.
Es importante que la catequesis para todos los grupos de edades y situaciones diversas no sean compartimentos estancos e incomunicados. Más importante aún es que no haya rupturas entre dichos grupos.


Capítulo VI. - MÉTODOS Y MEDIOS DE LA CATEQUESIS

1. Medios de comunicación social. La catequesis no ha cesado de buscar los métodos y medios más apropiados a su misión.
Los medios de comunicación social ofrecen grandes posibilidades. Los esfuerzos realizados en estos campos son de tal alcance que pueden alimentar las más grandes esperanzas.
2. Múltiples lugares, momentos o reuniones por valorizar. La catequesis encuentra, igualmente, su puesto en circunstancias diversas: las peregrinaciones, las misiones tradicionales, los círculos bíblicos, las reuniones de comunidades eclesiales de base, etc.
También los grupos de acción católica, grupos caritativos, grupos de oración, grupos de reflexión cristiana, etc.
En estos grupos que no falte nunca un verdadero estudio de la doctrina cristiana, respetando, por supuesto su naturaleza propia.
3. Homilía. Hay que prestar una gran atención a la homilía: ni demasiado larga, ni demasiado breve, siempre cuidadosamente preparada.
La predicación centrada en los textos bíblicos del año litúrgico debe facilitar el que los fieles se familiaricen con el conjunto de los misterios de la fe y de las normas de la vida cristiana.
4. Publicaciones catequísticas. La renovación y multiplicación de los libros catequéticos es un aspecto del florecimiento actual de la catequesis.
Se dan, también, algunas publicaciones que omiten elementos esenciales de la fe y desorientan a jóvenes y adultos. Para que respondan a su finalidad son indispensables algunas condiciones:
  • que conecten con la vida concreta de la generación a la que se dirige,
  • que se esfuercen por encontrar un lenguaje que entiende esa generación,
  • que se propongan decir todo el mensaje de Cristo y de su Iglesia,
  • que tiendan a producir en sus usuarios un conocimiento mayor de los misterios de Cristo.
5. Catecismos. Los que asumen la pesada tarea de preparar el texto de los catecismos, no pueden hacerlo sin la aprobación de los Pastores.
Las Conferencias Episcopales del mundo entero emprendan con paciencia, pero con firme resolución, el imponente trabajo a realizar de acuerdo con la Sede Apostólica, para lograr catecismos fieles a los contenidos esenciales de la Revelación.
(Nota: Este documento fue redactado mucho antes de que se elaborara y promulgara el "Catecismo de la Iglesia Católica").

Capítulo VII.- CÓMO DAR LA CATEQUESIS

1. Diversidad de métodos. La catequesis adopta métodos muy diversos para alcanzar su finalidad específica: la educación en la fe. Los Padres del Sínodo llamaron la atención sobre las condiciones indispensables para que la variedad de dichos métodos no perjudique la unidad de la enseñanza de la única fe.
2. Al servicio de la Revelación y de la conversión. La catequesis queda desvirtuada en sus raíces si la enseñanza catequética se mezcla con perspectivas ideológicas, sobre todo de índole político-social, o con opciones políticas personales.
La pauta que ha de procurar seguir es la Revelación: un Dios creador y redentor, cuyo Hijo, Verbo encarnado, entra en la historia personal de cada hombre y también en la historia humana.
3. Encarnación del mensaje en las culturas. La catequesis está llamada a llevar la fuerza del evangelio al corazón de la cultura y de las culturas. Para eso la catequesis procurará conocer estas culturas y sus componentes esenciales. Es preciso recordar:
  • El Mensaje evangélico no se puede aislar de la cultura en la que está inserto desde el principio (medio cultural en el que vivió Jesús). Tampoco podrá ser aislado de las culturas en las que ya se ha expresado a lo largo de los siglos.
  • La fuerza del Evangelio es en todas partes transformadora y regeneradora. No habría catequesis si fuese el Evangelio el que hubiera de cambiar en contacto con las culturas.
4. Aportación de las devociones populares. Es importante, también, valorar los elementos válidos de la piedad popular.
En la mayor parte de las prácticas populares y sus oraciones, junto a elementos que se han de eliminar, hay otros que, bien utilizados, podrían servir muy bien para avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo o de su mensaje.
5. Memorización. Los comienzos de la catequesis cristiana, que coincidieron con una civilización eminentemente oral, recurrieron ampliamente a la memorización.
Sabemos que este método puede presentar ciertos inconvenientes. Se puede prestar a una asimilación insuficiente, a veces casi nula, cuando todo el saber se reduce a fórmulas que se repiten sin haberlas entendido.
La facultad humana de la memoria no hay que menospreciarla. ¿Por qué no tratar de revalorizarla en la catequesis de manera inteligente y aun original? Lo esencial es que esos textos memorizados sean interiorizados y entendidos progresivamente en su profundidad, para que sean fuente de vida cristiana.

CT: Capítulos III y IV

Capítulo III. LA CATEQUESIS EN LA ACTIVIDAD PASTORAL Y MISIONERA DE LA IGLESIA.

Este capítulo es muy importante porque el Papa
hace una serie de precisiones conceptuales
necesarias para entender la naturaleza de la
catequesis y sus relaciones con otros
"momentos" de evangelización.

1. La catequesis: una etapa de la evangelización. La catequesis no puede disociarse del conjunto de actividades pastorales y misionales de la Iglesia.

Globalmente, se puede considerar la catequesis, en cuanto educación de la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, la actividad que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático, con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana.

Entre la catequesis y la evangelización no existe ni separación u oposición, ni identificación pura y simple. Según "Evangelii nuntiandi", la evangelización es una realidad rica, compleja y dinámica que tiene elementos, o si se prefiere, momentos, esenciales y diferentes entre sí que es preciso saber abarcar conjuntamente, en la unidad de un único movimiento. La catequesis en uno de esos momentos en el proceso total de evangelización.

2. Catequesis y primer anuncio del Evangelio. La catequesis es distinta del primer anuncio del Evangelio que ha suscitado la conversión.

Persigue el doble objetivo de hacer madurar la fe inicial y de educar al verdadero discípulo por medio de un conocimiento más profundo y sistemático de la persona y del mensaje de Jesús.

Sin embargo, este orden es muchas veces ideal porque se dan muchos casos en que la primera evangelización no ha tenido lugar. Cierto número de niños bautizados en su infancia llega a la catequesis parroquial sin haber recibido alguna iniciación en la fe, y sin tener todavía adhesión alguna explícita y personal a Jesucristo, sino solamente la capacidad de creer puesta en ellos por el bautismo y la presencia del Espíritu Santo. Igual puede ser el caso de adolescentes y de muchos adultos.

Ante esta realidad la catequesis debe a menudo preocuparse no solo de alimentar y enseñar la fe, sino de suscitarla continuamente con la ayuda de la gracia, de abrir el corazón, de convertir, de preparar una adhesión global a Jesucristo en aquellos que están en el umbral de la fe.

3. Finalidad específica de la catequesis. La finalidad específica de la catequesis consiste en hacer crecer, a nivel de conocimiento y de vida, el germen de la fe sembrado por el Espíritu Santo con el primer anuncio y transmitido eficazmente a través del bautismo.

Más concretamente, la finalidad de la catequesis, en el conjunto de la evangelización, es la de ser un período de enseñanza y de madurez, es decir, el tiempo en que el cristiano se esfuerza por conocer mejor a ese Jesús en cuyas manos se ha puesto.

4. Necesidad de una catequesis sistemática. El Pueblo de Dios tiene necesidad de una catequesis orgánica y bien ordenada, así:

  • debe ser una enseñanza sistemática, no improvisada
  • una enseñanza elemental que no pretenda abordar las cuestiones disputadas, ni transformarse en investigación teológica.
  • una enseñanza, no obstante, bastante completa.
  • una iniciación cristiana integral, abierta a todas las esferas de la vida cristiana.
5. Catequesis y experiencia vital. No hay que oponer una catequesis que arranque de la vida a una catequesis tradicional, doctrinal y sistemática.

La auténtica catequesis es siempre una iniciación ordenada y sistemática a la Revelación que Dios mismo ha hecho al hombre, en Jesucristo.

Pero esta Revelación no está aislada de la vida ni yuxtapuesta artificialmente a ella. Unas convicciones firmes y reflexivas llevan a una acción valiente y segura.

6. Catequesis y sacramentos. La catequesis está intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental, porque es en los sacramentos y sobre todo en la eucaristía, donde Jesucristo actúa en plenitud para la transformación de los creyentes.

Una forma eminente de catequesis es la que prepara a los sacramentos, y toda catequesis conduce necesariamente a los sacramentos de la fe.

La vida sacramental se empobrece y se convierte en ritualismo vacío, si no se fundamenta en un conocimiento serio del significado de los sacramentos.

7. Catequesis y comunidad eclesial. Todo el que se ha adherido a Jesucristo por la fe y se esfuerza por consolidar esta fe mediante la catequesis, tiene necesidad de vivirla en comunión con aquellos que han dado el mismo paso.

La comunidad eclesial es doblemente responsable respecto a la catequesis:
  • atender a la formación de sus miembros;
  • acogerlos en un ambiente donde puedan vivir, con la mayor plenitud posible, lo que han aprendido.
8. Necesidad de la catequesis en sentido amplio para la madurez y fuerza de la fe. La catequesis es tan necesaria para la madurez de la fe de los cristianos, como para su testimonio en el mundo.

A veces, cuando se la compara con el kerygma, se le acusa de racionalizar, aridecer y finalmente matar lo que de más vivo y vibrante hay en el kerygma.

Esto no es así. Las verdades que se profundizan en la catequesis son las mismas que hicieron impacto en el corazón al escucharlas por primera vez. Estas verdades, al conocerlas mejor, deben producir un efecto estimulante y decisivo para la vida.

"Si es verdad que ser cristiano significa decir "sí" a Jesucristo, recordemos que este "sí" tiene dos niveles: consiste en entregarse a la Palabra de Dios y apoyarse en ella, pero significa también, en segunda instancia, esforzarse por conocer cada vez mejor el sentido profundo de esa Palabra" (CT, 20).


Capítulo IV: TODA LA BUENA NUEVA BROTA DE LA FUENTE

1. El contenido del mensaje. Siendo la catequesis un momento de la evangelización, su contenido, necesariamente, tiene que ser el de toda la evangelización, es decir, la Buena Nueva de Salvación.

2. La fuente. La catequesis extraerá siempre su contenido de la fuente viva de la Palabra de Dios, transmitida mediante la Tradición y la Escritura. La catequesis será tanto más rica y eficaz cuanto más lea los textos con la inteligencia y el corazón de la Iglesia y cuanto más se inspire en la reflexión y en la vida dos veces milenaria de la Iglesia.

3. El Credo: expresión doctrinal privilegiada. El Credo es expresión privilegiada de la herencia viva que los Pastores han recibido en custodia. La entrega al catecúmeno del compendio de la fe es una acción significativa en donde el discípulo de Cristo acepta con plena lucidez y valentía el contenido de lo que más adelante va a profundizar con seriedad.

4. Elementos a no olvidar. Los Padres el Sínodo estuvieron bien inspirados cuando pidieron que se evite reducir a Cristo a su sola humanidad, y su mensaje a una dimensión meramente terrestre, y que se le reconociera más bien como el Hijo de Dios, el mediador que nos da libre acceso al Padre en el Espíritu.

La catequesis debe tener cuidado de no omitir, sino iluminar como es debido, temas tan importantes como el misterio de la Iglesia; las exigencias, hechas de renuncia y de gozo, de la existencia cristiana según las bienaventuranzas; la importancia de las exigencias de las virtudes cristianas y las consecuencias sociales de las exigencias evangélicas.

5. Integridad del contenido. El que se hace discípulo de Cristo tiene derecho a recibir la "palabra de la fe" (cf. Rm 10, 8) no mutilada, falsificada o disimulada, sino completa e integral en todo su rigor y su vigor.

A ningún catequista le es lícito hacer por cuenta propia una selección en el depósito de la fe, entre lo que estima importante y lo que estima menos importante.

6. Con métodos pedagógicos adaptados. El método y el lenguaje utilizados deben seguir siendo verdaderamente instrumentos para comunicar la totalidad y no una parte de las "palabras de vida eterna" (Jn 6, 69).

7. Dimensión ecuménica de la catequesis. La catequesis tendrá una dimensión ecuménica si, sin renunciar a enseñar que la plenitud de las verdades reveladas y de los medios de salvación instituidos por Cristo se halla en la Iglesia Católica, lo hace, sin embargo, respetando sinceramente de palabra y obra, a las comunidades eclesiales que no estén en perfecta comunión con esta misma Iglesia.

8. Colaboración ecuménica en el ámbito de la catequesis. Los obispos pueden juzgar oportunas, o aún necesarias, ciertas experiencias de colaboración en el campo de la catequesis entre católicos y otros cristianos, como complemento de la catequesis habitual que, de todos modos, los católicos deben recibir.

Esta colaboración ecuménica es por su naturaleza limitada: no debe significar jamás una "reducción" al mínimo común.

9. Problemas de manuales comunes a diversas religiones. Sucede, a veces, que las escuelas estatales ponen libros a disposición de los alumnos en los que las religiones, incluida la católica, son presentadas a título cultural histórico, moral y literario. Es importante que esta presentación sea objetiva.

Estos manuales no deben considerarse como obras catequéticas: les falta para ello el testimonio de creyentes que exponen la fe a otros creyentes.

domingo, 29 de mayo de 2011

Educar y evaluar...un binomio inclusivo

Un interesante video que plantea las concepciones de educación y evaluación, no sólo en la tensión dialéctica de la transformación y el reproductivismo social, sino en la singularidad de los vínculos docente y alumnno, vínculo que puede ser destructivo cuando el que sabe somete al que no sabe o que puede ser liberador cuando el que sabe enseña al que desea aprender. Creo que en un tiempo donde la prioridad afectiva está evidentemente avalada, podemos aprovechar lo que el contexto nos ofrece en el misterioso campo de las relaciones humanas, incorporando la motivación como parte del éxito educativo.