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Enero de 1979. El primer mes del año y el último mes del embarazo. Mi madre, Raquel, sobrellevaba el húmedo calor de Buenos Aires. Mi padre, Jorge, trabajaba ya para sostener a cinco hijos. Yo sería el sexto.¡Y seis más vendrían después! Los doce hijos del Patriarca Jacob, los doce apóstoles del Cordero, y nosotros: Federica, Juan Pablo, María Mercedes, Tomás, Marcos, Gastón, Trinidad, Magdalena, Lisandro, Verónica, Milagros y yo. Por razones de trabajo, papá y mamá decidieron que debíamos buscar en otro lugar lo que no encontrábamos en la "misteriosa Buenos Aires" como la llama el poeta. Carmen de Patagones nos esperaba. Ese hermoso pueblo a orillas del río Negro, del Currú Leuvú, "río de los Sauces", de vida mansa, cálida y colonial, encantador por sus callecitas, el Fuerte, el muelle, su victoria patriótica ante la invasión del Imperio del Brasil en 1827, la casita del Gran Comandante Luis Piedrabuena, domador de mares, etc. Incomparable su templo, construido sobre la parte más alta del pueblo y dedicado a la Madre del Escapulario, Nuestra Señora del Carmen. Allí, en esa iglesia sobria y solemne, mi fe y mi vocación hallaron su vigor y su madurez.

domingo, 29 de mayo de 2011

Educar y evaluar...un binomio inclusivo

Un interesante video que plantea las concepciones de educación y evaluación, no sólo en la tensión dialéctica de la transformación y el reproductivismo social, sino en la singularidad de los vínculos docente y alumnno, vínculo que puede ser destructivo cuando el que sabe somete al que no sabe o que puede ser liberador cuando el que sabe enseña al que desea aprender. Creo que en un tiempo donde la prioridad afectiva está evidentemente avalada, podemos aprovechar lo que el contexto nos ofrece en el misterioso campo de las relaciones humanas, incorporando la motivación como parte del éxito educativo.

LOS DOCUMENTOS NOS ENSEÑAN
Enseñar es sembrar

La Exhortación Postsinodal Catechesi tradendae, es fruto del Sínodo de Obispos de 1977 cuyo tema fue, precisamente, la Catequesis en la Iglesia. Este Sínodo fue convocado y presidido por el Papa Pablo VI. Cuando éste murió en agosto de 1978 no había tenido tiempo de publicar el resultado del Sínodo. Esta tarea le tocó al Papa Juan Pablo II, porque tampoco el Papa Juan Pablo I, por la brevedad de su pontificado, tuvo tiempo de publicar la Exhortación Postsinodal.
La Exhortación lleva la fecha del 16 de octubre de 1979, es decir, un año después de su elección como Sumo Pontífice. Hay que situarla históricamente. Conviene recordar que el 11 de abril de 1971 se publicó en Roma el "Directorio General de Pastoral Catequética". Dicho documento ha sido reemplazado por el "Directorio General para la Catequesis" del 25 de agosto de 1997. Al momento de publicarse la Exhortación, los países del Este europeo estaban bajo la influencia del sistema comunista generado por el imperio soviético lo que explica algunas alusiones que hace el documento sobre las dificultades de formación religiosa en buena parte de esos países europeos.
El documento tiene una Introducción, 9 Capítulos y una Conclusión.

INTRODUCCIÓN

El Maestro enseña
lo que ha oído

1. Presenta la Catequesis como una de las tareas primordiales de la Iglesia, siguiendo la consigna que Jesús dio a sus Apóstoles: hacer discípulos a todas las gentes enseñándoles a observar todo lo que El había mandado (cf. Mt 18, 19 s.).
2. Pondera la labor catequística del Papa Pablo VI en su interpretación autorizada del Vaticano II que fue la gran catequesis del mundo moderno, y la publicación de otros documentos importantes.
3. Destaca la importancia de los documentos que los Padres sinodales le entregaron al finalizar las deliberaciones para elaborar la Exhortación Postsinodal.
4. Advierte que, ante un tema tan amplio, sólo tratará de algunos aspectos más actuales y decisivos. Declara que la catequesis ha sido siempre una preocupación central en su ministerio de sacerdote y de obispo.

Capítulo I.- TENEMOS UN SOLO MAESTRO: JESUCRISTO
Es un capítulo rico en doctrina y denso de contenido. Los principales temas tratados son los siguientes:
El Maestro enseña siempre
 y desde siempre
1. En comunión con la persona de Cristo: Toda catequesis auténtica es cristocéntrica. En el centro de la catequesis se encuentra esencialmente una persona: Jesús de Nazaret, "camino, verdad y vida" (Jn 14,6).
El objetivo esencial y primordial de la catequesis es, de acuerdo con la expresión de San Pablo, "el misterio de Cristo". El fin definitivo de la catequesis es poner a uno no sólo en contacto, sino en comunión, en intimidad con Jesucristo.
2. Transmitir la doctrina de Cristo. En la catequesis se transmite la enseñanza de Jesucristo. En la catequesis lo que se enseñan es a Cristo, el Verbo encarnado, y todo lo demás en referencia a El.
El catequista no enseña sus opiniones y opciones personales, sino la doctrina y la vida de Jesús siguiendo el ejemplo de San Pablo cuando dijo: "Yo he recibido del Señor lo que os he transmitido" (1 Cor 11, 23).
3. Cristo que enseña. La doctrina de Jesús no es un cúmulo de verdades abstractas; es la comunicación del misterio vivo de Dios. "Jesús hizo y enseñó" (Act 1, 1). En estos dos verbos está condensada la misión de Cristo.
Jesús enseñó. Todos los días se sentaba en el templo a enseñar (cf. Mt 26, 55; Jn 18, 20). Y enseñaba con una autoridad desconocida entonces (cf. Mc 1, 22). Sus mismos enemigos certifican esta actividad de Jesús. (cf. Lc 23, 5).
4. El único "Maestro". Todos los que le escuchan le llaman "Maestro". Pero sobre todo Jesús mismo se llama Maestro en ocasiones solemnes y muy significativos (cf. Jn 13, 13s).
5. Enseñando con toda su vida. Además de enseñar, Jesús hizo. Sus palabras, sus parábolas y razonamientos no pueden separarse nunca de su vida y de su mismo ser. Su vida es una continua enseñanza.

"Solamente en íntima comunión con El, los catequistas encontrarán luz y fuerza para una renovación auténtica y deseable de la catequesis" (CT. 9).

Capítulo II: UNA EXPERIENCIA TAN ANTIGUA COMO LA IGLESIA
En este capítulo el Papa hace un recorrido de diversos momentos de la historia para mostrar cómo ha sido la preocupación de la Iglesia por la catequesis a lo largo de los dos milenios cristianos.

Aprender es confiar en el que enseña 
1. La misión de los Apóstoles. Los Apóstoles fueron fieles a su vocación y a la misión recibida. Los primeros cristianos aparecen "perseverantes en oír la enseñanza de los apóstoles y en la fracción del pan y en la oración" (Act 2, 42). Es una Iglesia que nace y se nutre continuamente de la Palabra del Señor, la celebra en la Eucaristía y da testimonio de amor al mundo. Los enemigos de la Iglesia les prohiben enseñar en el nombre de Jesús (cf. Act 4, 18). Pero ellos obedecen a Dios antes que a los hombres.
2. La catequesis en la época apostólica. Los Apóstoles transmiten a sus sucesores la misión de enseñar. Incluso los simples cristianos dispersados por la persecución, iban por todas partes predicando la palabra (cf. Act 8, 4).
Los Evangelios que, antes de ser escritos, fueron la expresión de una enseñanza oral transmitida a las comunidades cristianas, tienen más o menos una estructura catequética.
3. En los Padres de la Iglesia. La Iglesia continúa en esta época la misión de enseñar. Se registra un hecho impresionante: Obispos y Pastores, los de mayor prestigio, sobre todo en los siglos tercero y cuarto, consideran como una parte importante de su ministerio episcopal enseñar de palabra o escribir tratados catequéticos.
Sin embargo, sería difícil en tan breve espacio evocar los diversos períodos en la historia. En todos los continentes y contextos sociales la Iglesia ha sido fiel al mandato del Señor.
4. En los Concilios y en la actividad misionera. Entre los Concilios merece destacarse el de Trento. En sus constituciones y decretos dio prioridad a la catequesis. Dio lugar al llamado "catecismo romano" y que en su momento fue una obra de primer orden, resumen de la doctrina cristiana y de la teología tradicional para uso de los sacerdotes.
Las misiones constituyen también un terreno privilegiado para la práctica de la catequesis. Durante dos mil años el Pueblo de Dios se ha educado en la fe según las diversas situaciones de los creyentes y las múltiples coyunturas eclesiales.
5. La catequesis: derecho y deber de la Iglesia. La catequesis ha sido siempre un deber sagrado para la Iglesia, lo mismo que un deber imprescindible. La actividad catequética debe poder ejercerse en circunstancias favorables de tiempo y lugar, sin discriminación para con los padres, los catequizandos o los catequistas. Esto no sucede en algunos Estados que violan este derecho hasta el punto que dar, hacer dar la catequesis o recibirla, llega a ser un delito susceptible de sanción.
El Papa, junto con los Padres del Sínodo, elevan enérgicamente su voz de protesta y piden a los responsables que acaben con esas medidas que van en contra de la libertad religiosa.
6. Tarea prioritaria. Cuanto más capaz sea la Iglesia, a escala local o universal, de dar la prioridad a la catequesis, tanto más encontrará en ella una consolidación como comunidad de creyentes y de su actividad externa como misionera.
La Iglesia debe consagrar a la catequesis sus mejores recursos en personas y energías, sin ahorrar esfuerzos, fatigas y medios materiales, para organizarla mejor y formar personal capacitado.
7. Responsabilidad común y diferenciada. Los miembros de la Iglesia tienen responsabilidades diferentes en la catequesis, derivadas de la misión de cada uno. El Papa y los obispos tienen la más alta responsabilidad en la promoción, orientación y coordinación de la catequesis. Los sacerdotes y los religiosos tienen un campo privilegiado para su apostolado. Los padres de familia, maestros y catequistas tienen una responsabilidad singular, lo mismo que los responsables de los medios de comunicación social.
8. Renovación continua y equilibrada. Los Padres del Sínodo han reconocido con realismo, junto a un progreso innegable en la vitalidad de la actividad catequética y a iniciativas prometedoras, las limitaciones o incluso "deficiencias" de lo que se ha realizado hasta el presente. Señalan principalmente la repetición rutinaria y la improvisación irreflexiva como peligrosas para la formación en la fe del Pueblo de Dios.
Es necesario que la Iglesia de forma sabia, valiente y fiel al Evangelio, abra nuevos caminos y prospectivas para la catequesis.