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Enero de 1979. El primer mes del año y el último mes del embarazo. Mi madre, Raquel, sobrellevaba el húmedo calor de Buenos Aires. Mi padre, Jorge, trabajaba ya para sostener a cinco hijos. Yo sería el sexto.¡Y seis más vendrían después! Los doce hijos del Patriarca Jacob, los doce apóstoles del Cordero, y nosotros: Federica, Juan Pablo, María Mercedes, Tomás, Marcos, Gastón, Trinidad, Magdalena, Lisandro, Verónica, Milagros y yo. Por razones de trabajo, papá y mamá decidieron que debíamos buscar en otro lugar lo que no encontrábamos en la "misteriosa Buenos Aires" como la llama el poeta. Carmen de Patagones nos esperaba. Ese hermoso pueblo a orillas del río Negro, del Currú Leuvú, "río de los Sauces", de vida mansa, cálida y colonial, encantador por sus callecitas, el Fuerte, el muelle, su victoria patriótica ante la invasión del Imperio del Brasil en 1827, la casita del Gran Comandante Luis Piedrabuena, domador de mares, etc. Incomparable su templo, construido sobre la parte más alta del pueblo y dedicado a la Madre del Escapulario, Nuestra Señora del Carmen. Allí, en esa iglesia sobria y solemne, mi fe y mi vocación hallaron su vigor y su madurez.

miércoles, 13 de abril de 2011

Historia del Areópago

historia del areopago Historia del Areópago

El Areópago es una pequeña colina de 115 metros de altura situada al lado de la Acrópolis. Se denomina así porque en este lugar se reunía el consejo de ex-arcontes para tomar sus decisiones. Está dedicado al dios Ares que, según la mitología, tuvo que rendir cuentas ante los dioses en este lugar por la muerte de Halirrhotios, hijo de Poseidón. También en este lugar predicó el Evangelio el Apóstol Pablo en el año 51. Se conservan unos 250 metros de la Calle del Areópago a lo largo de la cual se pueden ver los restos de una fuente romana del siglo II, los cimientos del templete dedicado a Aminéion y los del Témenos de Dionisios Lenáios, los restos de una lesché, lugar de reuniones y los del santuario de Dionisios en Limnais. Desde el Areópago partía un camino, la calle del Areópago, que se extendía por un antiguo barrio residencial. La calle estaba flanqueada por una fuente romana del siglo II y por el templo dedicado al héroe Aminos. Al norte del Aerópago se pueden ver los restos de una iglesia de origen bizantino dedicada a Dionisio, miembro del Areópago, uno de los primeros cristianos convertido por San Pablo.

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