sábado, 25 de junio de 2011

CT: Capítulos VIII-IX y Conclusiones.

Capítulo VIII.- LA ALEGRÍA DE LA FE EN UN MUNDO DIFÍCIL
1. Afirmar la identidad cristiana... Vivimos en un mundo difícil con un clima de incertidumbre. Ello exige que la catequesis dé firmeza a los cristianos en su propia identidad y que se sobreponga a las vacilaciones e incertidumbres del ambiente.
2. ...en un mundo diferente... Los cristianos de hoy deben ser formados para vivir en un mundo que ampliamente ignora a Dios o que, en materia religiosa, cae en un indiferentismo nivelador. Tenemos necesidad de una catequesis que enseñe a jóvenes y adultos a permanecer lúcidos y coherentes en su fe.
3. ...con la pedagogía original de la fe. Existe una pedagogía de la fe y nunca se ponderará bastante lo que ésta puede hacer en favor de la catequesis. Se trata de comunicar en su integridad la Revelación de Dios. En catequesis, una técnica tiene valor en la medida en que se pone al servicio de la fe que se ha de transmitir.
4. Lenguaje adaptado al servicio del Credo. Todos saben la candente actualidad del tema del lenguaje. La catequesis tiene el deber imperioso de encontrar el lenguaje adaptado a los niños y a los jóvenes de nuestro tiempo, y a otras muchas categorías de personas.
Pero la catequesis no puede aceptar ningún lenguaje que, bajo el pretexto que sea, aún supuestamente científico, tenga como resultado desvirtuar el contenido del Credo.
5. Búsqueda y certeza de la fe. Ciertas corrientes filosóficas actuales afirman que la fe no es una certeza, sino un interrogante. Estas corrientes tienen la ventaja de recordarnos que la fe dice relación a cosas que no se poseen todavía. Nos ayudan a no hacer de la fe cristiana una actitud de instalado, sino una marcha adelante.
Con todo no hay que caer en el extremo opuesto. Si no tenemos la plena posesión de la fe, tenemos una garantía y una prueba (cf. Heb 11,1). No hay que dar un concepto totalmente negativo de la fe a niños y jóvenes. Sepamos mostrarles que la búsqueda humilde y valiente del creyente se funda en la Palabra de Dios, que ni se engaña ni engaña y se construye sin cesar sobre la roca inamovible de esa Palabra.
6. Catequesis y teología. En esta época postconciliar la Iglesia vive un momento importante pero arriesgado de investigación teológica. No es de extrañar, tampoco, que toda conmoción en el campo de la teología provoque repercusiones igualmente en el terreno de la catequesis.
Los teólogos y los exégetas tienen el deber de estar muy atentos para no hacer pasar por verdades ciertas lo que, por el contrario, pertenece al ámbito de las cuestiones opinables o discutidas entre expertos.
Los catequistas se abstendrán de turbar el espíritu de los niños y jóvenes con teorías extrañas, problemas fútiles o discusiones estériles. La catequesis debe formar unos cristianos firmes en lo esencial y humildemente felices en su fe.

Capítulo IX.- LA TAREA NOS CONCIERNE A TODOS
1. Aliento a todos los responsables. El Papa aspira a que lo expresado en este documento encienda un ardor apostólico en todos los responsables en la Iglesia.
2. Obispos. A pesar de la complejidad actual del ministerio episcopal, la solicitud por promover una catequesis activa y eficaz no debe ceder en nada a cualquier otra preocupación.
Deben mantener una mística por la catequesis, encarnada en una organización adecuada y eficaz.
3. Sacerdotes. La Iglesia espera de los sacerdotes que hagan todo lo posible con miras a una obra catequética bien estructurada y bien orientada. Todos los creyentes tienen derecho a la catequesis; todos los pastores tienen el deber de impartirla.
4. Religiosos y religiosas. En el decurso de la historia, los religiosos y religiosas se han encontrado muy comprometidos en la actividad catequética de la Iglesia, llevando a cabo un trabajo particularmente idóneo y eficaz. Las comunidades deben dedicar el máximo de sus capacidades y de sus posibilidades a la obra específica de la catequesis.
5. Catequistas laicos... la actividad de los catequistas laicos, ejercida siempre con celo ardiente y generoso, es una forma eminente de apostolado seglar.
Pero el título de "catequista" se aplica por excelencia a los catequistas de tierras de misión. Sin ellos no se habrían edificado Iglesias locales, hoy día florecientes.
6. ...en parroquia... La comunidad parroquial debe seguir siendo la animadora de la catequesis y su lugar privilegiado.
A pesar de que algunos consideran la estructura parroquial como sobrepasada, sigue siendo una referencia importante para el pueblo cristiano. Por eso hay que dotarla de estructuras más adecuadas y darle un nuevo impulso con la integración creciente de miembros cualificados y responsables.
Toda parroquia importante y toda agrupación de parroquias numéricamente más reducidas tiene el grave deber de formar responsables totalmente entregados a la animación catequética y de prever el equipamiento necesario para una catequesis bajo todos sus aspectos.
7. ...en familia... La catequesis en la familia tiene un carácter peculiar e insustituible. Esta acción se realiza por el testimonio de vida cristiana y aprovechando ciertos acontecimientos familiares en donde se explicita el contenido cristiano de esos acontecimientos.
Estas acciones catequísticas llevadas a cabo en un ambiente familiar impregnado de amor dejan una honda huella en los niños. Nunca se esforzarán bastante los padres cristianos por prepararse a este ministerio de catequistas de sus propios hijos y por ejercerlo con celo infatigable.
8. ...en la escuela... La escuela ofrece a la catequesis posibilidades no desdeñables. Donde es posible la Iglesia tiene el deber de dar una educación en la fe dentro del marco escolar. Y esta formación debe ser adaptada a las situaciones con frecuencia diversas de los alumnos.
Es de desear que en las escuelas estatales sea posible a los alumnos católicos el progresar en su formación espiritual con la ayuda de una enseñanza religiosa que dependa de la Iglesia.
9. ...en los movimientos. Los movimientos que garantizan la presencia cristiana en las realidades temporales, alcanzarán tanto mejor sus objetivos propios y servirán tanto mejor a la Iglesia, cuanto más importante sea el espacio que dediquen a una seria formación religiosa. Toda asociación de fieles en la Iglesia debe ser, por definición, educadora de la fe.
10. Institutos de formación. Los catequistas seglares deben recibir una formación esmerada. Esa formación invita a los obispos a organizar Centros e Instituciones idóneos.

CONCLUSIÓN
1. El Espíritu Santo, Maestro interior. El Espíritu Santo es el principio inspirador de toda la obra catequética. "El os lo enseñará y os traerá a la memoria todo lo que yo os he dicho" (Jn 14, 26). Misión del Espíritu Santo es transformar a los discípulos en testigos de Cristo.
La catequesis, que es crecimiento en la fe y maduración de la vida cristiana hacia la plenitud, es por consiguiente una obra del Espíritu Santo, obra que sólo El puede suscitar y alimentar en la Iglesia.
Cada cristiano cuando ejerce su misión catequética debe ser muy consciente de que actúa como instrumento vivo y dócil del Espíritu Santo.
2. María, madre y modelo de discípulo. Jesús fue formado por la Virgen María en el conocimiento humano de las Escrituras y de la historia del designio de Dios sobre su Pueblo, en la adoración al Padre (cf. Jn 1, 14, Heb 10, 5).
Por otra parte, ella ha sido la primera de sus discípulos. Sobre todo porque nadie ha sido enseñado por Dios (cf. Jn 6, 45) con tanta profundidad.

No hay comentarios:

Publicar un comentario