sábado, 25 de junio de 2011

CT: Capítulos V, VI y VII

Capítulo V. - TODOS TIENEN NECESIDAD DE LA CATEQUESIS

1. La importancia de los niños y de los jóvenes. El ascenso de los jóvenes constituye la esperanza de buena parte del mundo actual, pero al mismo tiempo es factor de inquietud. Estos jóvenes constituyen la gran fuerza que se propone construir la civilización del futuro.
La gran pregunta es: ¿Cómo revelar a esta multitud de niños y jóvenes a Jesucristo y su mensaje de salvación? Para ello es conveniente analizar las características que toma la catequesis en las diferentes etapas de la vida.
2. Párvulos. El niño tiene derecho a una presentación sencilla y verdadera de la fe cristiana. En el ambiente familiar recibe los primeros rudimentos de la catequesis.
3. Niños. Pronto llega el momento de la apertura a un circulo más amplio y de una catequesis destinada a introducir al niño de manera orgánica en la vida de la Iglesia. Catequesis inicial, pero no fragmentaria pues deberá revelar todos los principales misterios de la fe y su repercusión en la vida moral y religiosa del niño.
4. Adolescentes. Edad de interrogantes profundos, momento del descubrimiento de sí mismo y del propio mundo interior. La catequesis no puede ignorar estos aspectos de un período tan delicado de la vida.
5. Jóvenes. Con la edad de la juventud llega la hora de las primeras decisiones. Es el momento en que el Evangelio podrá ser presentado, entendido y aceptado como capaz de dar sentido a la vida. La catequesis prepara, así, para los grandes compromisos cristianos de la vida adulta.
6. Adaptación de la catequesis a los jóvenes. La Iglesia está empeñada en prestar atención a la catequesis de niños y jóvenes; es preciso conocer su lenguaje para traducir el mensaje de Jesús y valorar su disponibilidad, apertura y su deseo de conocer a Cristo. Ciertamente es tarea ardua y fatigosa pero reconfortante por la calidad de las respuestas que dan los niños y jóvenes.
7. Minusválidos y jóvenes sin apoyo religioso. Los niños y jóvenes minusválidos tienen derecho a conocer como sus coetáneos el "misterio de la fe". Al ser mayores las dificultades, son más meritorios los esfuerzos de ellos y de sus educadores.
Los niños y jóvenes nacidos y educados en un hogar no cristiano, pero deseosos de conocer la fe cristiana deben ser atendidos por medio de una catequesis adecuada, a pesar de la oposición que puedan encontrar en su familia y en su ambiente.
8. Adultos. La catequesis de los adultos es la forma principal de la catequesis porque está dirigida a las personas que tienen las mayores responsabilidades y la capacidad de vivir el mensaje cristiano bajo su forma plenamente desarrollada.
La fe de los adultos debería ser iluminada, estimulada o renovada sin cesar con el fin de penetrar las realidades temporales de las que ellos son responsables.
9. Cuasi catecúmenos. Entre los adultos hay varias categorías de personas que bien podrían ser calificados de catecúmenos; los nacidos en regiones no cristianizadas y no han podido profundizar la doctrina cristiana que un día encontraron; los que recibieron una catequesis en su infancia, pero se alejaron luego de toda práctica religiosa; los que se resienten de una catequesis mal asimilada; los que nacidos en países cristianos, nunca fueron educados en su fe.
10. Catequesis diversificadas y complementarias. Además de los grupos anteriores habría que hablar también de la catequesis para los emigrantes, las personas marginadas por la evolución moderna, las que viven en los suburbios de las grandes metrópolis. Es necesario suscitar iniciativas encaminadas a su formación cristiana con los instrumentos apropiados.
Es importante que la catequesis para todos los grupos de edades y situaciones diversas no sean compartimentos estancos e incomunicados. Más importante aún es que no haya rupturas entre dichos grupos.


Capítulo VI. - MÉTODOS Y MEDIOS DE LA CATEQUESIS

1. Medios de comunicación social. La catequesis no ha cesado de buscar los métodos y medios más apropiados a su misión.
Los medios de comunicación social ofrecen grandes posibilidades. Los esfuerzos realizados en estos campos son de tal alcance que pueden alimentar las más grandes esperanzas.
2. Múltiples lugares, momentos o reuniones por valorizar. La catequesis encuentra, igualmente, su puesto en circunstancias diversas: las peregrinaciones, las misiones tradicionales, los círculos bíblicos, las reuniones de comunidades eclesiales de base, etc.
También los grupos de acción católica, grupos caritativos, grupos de oración, grupos de reflexión cristiana, etc.
En estos grupos que no falte nunca un verdadero estudio de la doctrina cristiana, respetando, por supuesto su naturaleza propia.
3. Homilía. Hay que prestar una gran atención a la homilía: ni demasiado larga, ni demasiado breve, siempre cuidadosamente preparada.
La predicación centrada en los textos bíblicos del año litúrgico debe facilitar el que los fieles se familiaricen con el conjunto de los misterios de la fe y de las normas de la vida cristiana.
4. Publicaciones catequísticas. La renovación y multiplicación de los libros catequéticos es un aspecto del florecimiento actual de la catequesis.
Se dan, también, algunas publicaciones que omiten elementos esenciales de la fe y desorientan a jóvenes y adultos. Para que respondan a su finalidad son indispensables algunas condiciones:
  • que conecten con la vida concreta de la generación a la que se dirige,
  • que se esfuercen por encontrar un lenguaje que entiende esa generación,
  • que se propongan decir todo el mensaje de Cristo y de su Iglesia,
  • que tiendan a producir en sus usuarios un conocimiento mayor de los misterios de Cristo.
5. Catecismos. Los que asumen la pesada tarea de preparar el texto de los catecismos, no pueden hacerlo sin la aprobación de los Pastores.
Las Conferencias Episcopales del mundo entero emprendan con paciencia, pero con firme resolución, el imponente trabajo a realizar de acuerdo con la Sede Apostólica, para lograr catecismos fieles a los contenidos esenciales de la Revelación.
(Nota: Este documento fue redactado mucho antes de que se elaborara y promulgara el "Catecismo de la Iglesia Católica").

Capítulo VII.- CÓMO DAR LA CATEQUESIS

1. Diversidad de métodos. La catequesis adopta métodos muy diversos para alcanzar su finalidad específica: la educación en la fe. Los Padres del Sínodo llamaron la atención sobre las condiciones indispensables para que la variedad de dichos métodos no perjudique la unidad de la enseñanza de la única fe.
2. Al servicio de la Revelación y de la conversión. La catequesis queda desvirtuada en sus raíces si la enseñanza catequética se mezcla con perspectivas ideológicas, sobre todo de índole político-social, o con opciones políticas personales.
La pauta que ha de procurar seguir es la Revelación: un Dios creador y redentor, cuyo Hijo, Verbo encarnado, entra en la historia personal de cada hombre y también en la historia humana.
3. Encarnación del mensaje en las culturas. La catequesis está llamada a llevar la fuerza del evangelio al corazón de la cultura y de las culturas. Para eso la catequesis procurará conocer estas culturas y sus componentes esenciales. Es preciso recordar:
  • El Mensaje evangélico no se puede aislar de la cultura en la que está inserto desde el principio (medio cultural en el que vivió Jesús). Tampoco podrá ser aislado de las culturas en las que ya se ha expresado a lo largo de los siglos.
  • La fuerza del Evangelio es en todas partes transformadora y regeneradora. No habría catequesis si fuese el Evangelio el que hubiera de cambiar en contacto con las culturas.
4. Aportación de las devociones populares. Es importante, también, valorar los elementos válidos de la piedad popular.
En la mayor parte de las prácticas populares y sus oraciones, junto a elementos que se han de eliminar, hay otros que, bien utilizados, podrían servir muy bien para avanzar en el conocimiento del misterio de Cristo o de su mensaje.
5. Memorización. Los comienzos de la catequesis cristiana, que coincidieron con una civilización eminentemente oral, recurrieron ampliamente a la memorización.
Sabemos que este método puede presentar ciertos inconvenientes. Se puede prestar a una asimilación insuficiente, a veces casi nula, cuando todo el saber se reduce a fórmulas que se repiten sin haberlas entendido.
La facultad humana de la memoria no hay que menospreciarla. ¿Por qué no tratar de revalorizarla en la catequesis de manera inteligente y aun original? Lo esencial es que esos textos memorizados sean interiorizados y entendidos progresivamente en su profundidad, para que sean fuente de vida cristiana.

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