sábado, 25 de junio de 2011

CT: Capítulos III y IV

Capítulo III. LA CATEQUESIS EN LA ACTIVIDAD PASTORAL Y MISIONERA DE LA IGLESIA.

Este capítulo es muy importante porque el Papa
hace una serie de precisiones conceptuales
necesarias para entender la naturaleza de la
catequesis y sus relaciones con otros
"momentos" de evangelización.

1. La catequesis: una etapa de la evangelización. La catequesis no puede disociarse del conjunto de actividades pastorales y misionales de la Iglesia.

Globalmente, se puede considerar la catequesis, en cuanto educación de la fe de los niños, de los jóvenes y adultos, la actividad que comprende especialmente una enseñanza de la doctrina cristiana, dada generalmente de modo orgánico y sistemático, con miras a iniciarlos en la plenitud de la vida cristiana.

Entre la catequesis y la evangelización no existe ni separación u oposición, ni identificación pura y simple. Según "Evangelii nuntiandi", la evangelización es una realidad rica, compleja y dinámica que tiene elementos, o si se prefiere, momentos, esenciales y diferentes entre sí que es preciso saber abarcar conjuntamente, en la unidad de un único movimiento. La catequesis en uno de esos momentos en el proceso total de evangelización.

2. Catequesis y primer anuncio del Evangelio. La catequesis es distinta del primer anuncio del Evangelio que ha suscitado la conversión.

Persigue el doble objetivo de hacer madurar la fe inicial y de educar al verdadero discípulo por medio de un conocimiento más profundo y sistemático de la persona y del mensaje de Jesús.

Sin embargo, este orden es muchas veces ideal porque se dan muchos casos en que la primera evangelización no ha tenido lugar. Cierto número de niños bautizados en su infancia llega a la catequesis parroquial sin haber recibido alguna iniciación en la fe, y sin tener todavía adhesión alguna explícita y personal a Jesucristo, sino solamente la capacidad de creer puesta en ellos por el bautismo y la presencia del Espíritu Santo. Igual puede ser el caso de adolescentes y de muchos adultos.

Ante esta realidad la catequesis debe a menudo preocuparse no solo de alimentar y enseñar la fe, sino de suscitarla continuamente con la ayuda de la gracia, de abrir el corazón, de convertir, de preparar una adhesión global a Jesucristo en aquellos que están en el umbral de la fe.

3. Finalidad específica de la catequesis. La finalidad específica de la catequesis consiste en hacer crecer, a nivel de conocimiento y de vida, el germen de la fe sembrado por el Espíritu Santo con el primer anuncio y transmitido eficazmente a través del bautismo.

Más concretamente, la finalidad de la catequesis, en el conjunto de la evangelización, es la de ser un período de enseñanza y de madurez, es decir, el tiempo en que el cristiano se esfuerza por conocer mejor a ese Jesús en cuyas manos se ha puesto.

4. Necesidad de una catequesis sistemática. El Pueblo de Dios tiene necesidad de una catequesis orgánica y bien ordenada, así:

  • debe ser una enseñanza sistemática, no improvisada
  • una enseñanza elemental que no pretenda abordar las cuestiones disputadas, ni transformarse en investigación teológica.
  • una enseñanza, no obstante, bastante completa.
  • una iniciación cristiana integral, abierta a todas las esferas de la vida cristiana.
5. Catequesis y experiencia vital. No hay que oponer una catequesis que arranque de la vida a una catequesis tradicional, doctrinal y sistemática.

La auténtica catequesis es siempre una iniciación ordenada y sistemática a la Revelación que Dios mismo ha hecho al hombre, en Jesucristo.

Pero esta Revelación no está aislada de la vida ni yuxtapuesta artificialmente a ella. Unas convicciones firmes y reflexivas llevan a una acción valiente y segura.

6. Catequesis y sacramentos. La catequesis está intrínsecamente unida a toda la acción litúrgica y sacramental, porque es en los sacramentos y sobre todo en la eucaristía, donde Jesucristo actúa en plenitud para la transformación de los creyentes.

Una forma eminente de catequesis es la que prepara a los sacramentos, y toda catequesis conduce necesariamente a los sacramentos de la fe.

La vida sacramental se empobrece y se convierte en ritualismo vacío, si no se fundamenta en un conocimiento serio del significado de los sacramentos.

7. Catequesis y comunidad eclesial. Todo el que se ha adherido a Jesucristo por la fe y se esfuerza por consolidar esta fe mediante la catequesis, tiene necesidad de vivirla en comunión con aquellos que han dado el mismo paso.

La comunidad eclesial es doblemente responsable respecto a la catequesis:
  • atender a la formación de sus miembros;
  • acogerlos en un ambiente donde puedan vivir, con la mayor plenitud posible, lo que han aprendido.
8. Necesidad de la catequesis en sentido amplio para la madurez y fuerza de la fe. La catequesis es tan necesaria para la madurez de la fe de los cristianos, como para su testimonio en el mundo.

A veces, cuando se la compara con el kerygma, se le acusa de racionalizar, aridecer y finalmente matar lo que de más vivo y vibrante hay en el kerygma.

Esto no es así. Las verdades que se profundizan en la catequesis son las mismas que hicieron impacto en el corazón al escucharlas por primera vez. Estas verdades, al conocerlas mejor, deben producir un efecto estimulante y decisivo para la vida.

"Si es verdad que ser cristiano significa decir "sí" a Jesucristo, recordemos que este "sí" tiene dos niveles: consiste en entregarse a la Palabra de Dios y apoyarse en ella, pero significa también, en segunda instancia, esforzarse por conocer cada vez mejor el sentido profundo de esa Palabra" (CT, 20).


Capítulo IV: TODA LA BUENA NUEVA BROTA DE LA FUENTE

1. El contenido del mensaje. Siendo la catequesis un momento de la evangelización, su contenido, necesariamente, tiene que ser el de toda la evangelización, es decir, la Buena Nueva de Salvación.

2. La fuente. La catequesis extraerá siempre su contenido de la fuente viva de la Palabra de Dios, transmitida mediante la Tradición y la Escritura. La catequesis será tanto más rica y eficaz cuanto más lea los textos con la inteligencia y el corazón de la Iglesia y cuanto más se inspire en la reflexión y en la vida dos veces milenaria de la Iglesia.

3. El Credo: expresión doctrinal privilegiada. El Credo es expresión privilegiada de la herencia viva que los Pastores han recibido en custodia. La entrega al catecúmeno del compendio de la fe es una acción significativa en donde el discípulo de Cristo acepta con plena lucidez y valentía el contenido de lo que más adelante va a profundizar con seriedad.

4. Elementos a no olvidar. Los Padres el Sínodo estuvieron bien inspirados cuando pidieron que se evite reducir a Cristo a su sola humanidad, y su mensaje a una dimensión meramente terrestre, y que se le reconociera más bien como el Hijo de Dios, el mediador que nos da libre acceso al Padre en el Espíritu.

La catequesis debe tener cuidado de no omitir, sino iluminar como es debido, temas tan importantes como el misterio de la Iglesia; las exigencias, hechas de renuncia y de gozo, de la existencia cristiana según las bienaventuranzas; la importancia de las exigencias de las virtudes cristianas y las consecuencias sociales de las exigencias evangélicas.

5. Integridad del contenido. El que se hace discípulo de Cristo tiene derecho a recibir la "palabra de la fe" (cf. Rm 10, 8) no mutilada, falsificada o disimulada, sino completa e integral en todo su rigor y su vigor.

A ningún catequista le es lícito hacer por cuenta propia una selección en el depósito de la fe, entre lo que estima importante y lo que estima menos importante.

6. Con métodos pedagógicos adaptados. El método y el lenguaje utilizados deben seguir siendo verdaderamente instrumentos para comunicar la totalidad y no una parte de las "palabras de vida eterna" (Jn 6, 69).

7. Dimensión ecuménica de la catequesis. La catequesis tendrá una dimensión ecuménica si, sin renunciar a enseñar que la plenitud de las verdades reveladas y de los medios de salvación instituidos por Cristo se halla en la Iglesia Católica, lo hace, sin embargo, respetando sinceramente de palabra y obra, a las comunidades eclesiales que no estén en perfecta comunión con esta misma Iglesia.

8. Colaboración ecuménica en el ámbito de la catequesis. Los obispos pueden juzgar oportunas, o aún necesarias, ciertas experiencias de colaboración en el campo de la catequesis entre católicos y otros cristianos, como complemento de la catequesis habitual que, de todos modos, los católicos deben recibir.

Esta colaboración ecuménica es por su naturaleza limitada: no debe significar jamás una "reducción" al mínimo común.

9. Problemas de manuales comunes a diversas religiones. Sucede, a veces, que las escuelas estatales ponen libros a disposición de los alumnos en los que las religiones, incluida la católica, son presentadas a título cultural histórico, moral y literario. Es importante que esta presentación sea objetiva.

Estos manuales no deben considerarse como obras catequéticas: les falta para ello el testimonio de creyentes que exponen la fe a otros creyentes.

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